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Y hoy estamos aquí, y no es un sueño;
somos tú y yo de carne y hueso, tan reales.
Hoy nos queda este mundo ya pequeño,
necesitamos los espacios siderales.
Con amor infinito, hazme tuya;
devuélveme la vida con tu boca
y no permitas que nada la destruya;
ámame con pasión; vuélveme loca.
Qué felices se sienten las estrellas
por nuestro acto de amor tan exquisito;
la ternura las hace, aún, más bellas
al escuchar, extasiadas, nuestro grito.
Al vernos, de verdad, enamorados,
entendieron el amor sin condiciones
de dos seres que habían sido separados.
Vieron atados, al fin, dos corazones.

©Paty RodrígueZ
Fragmento del poema
Dos Corazones
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